En la última semana hemos recibido varios mensajes de vecinos pidiéndonos que hablemos de que, en Madrid, cada vez es más frecuente tener que esquivar cacas o restos de cacas de perro y/o limpiar pis de sus fachadas o entradas.
Por desgracia, tenemos que estar de acuerdo con estos vecinos.
No se si es porque cada vez estamos más concienciados con una ciudad limpia y prestamos más atención a todo, o es que realmente las actitudes poco cívicas por parte de algunos dueños de perros ha aumentado. Sea cual sea el motivo, el caso es que casi todos podemos contar al final de cada semana alguna situación relacionada con un perro y sus necesidades fisiológicas puestas en mal sitio.
Por suerte, y como suele pasar con casi todo, quienes no se preocupan de que su perro deje recaditos a los demás vecinos son minoría, pero es una minoría que se hace notar, y mucho. Y huele.
En este aspecto es muy difícil encontrar un consenso entre quienes que se quejan y los propietarios de los perros. Podemos encontrar versiones y opiniones realmente variopintas incluso disparatadas. Desde el propietario que pone a mear al perro en la entrada de un portal y dice que la calle es de todos y que “para eso pago impuestos”, hasta quien dice que no mancha tanto, afirmación que cabrea a otros que responden “entonces que cague en tu casa”, llegando incluso al extremo de quien prohibiría los perros en la ciudad.
Independientemente de si se es propietario/a o no de un perro, nos parece que hay situaciones que son de convivencia básica. Es una pena ver la proliferación de carteles pidiendo por favor que no dejen a los perros mear en las fachadas o entradas de viviendas y comercios. Y más triste es aún que las súplicas no sirvan para nada o que directamente arranquen los carteles y sigan meando ahí. ¿Realmente hace falta pedir que no te meen en la pared de tu casa o comercio? ¿No debería existir un respeto mínimo y básico por los demás? Evidentemente en esos casos no existe.
La solución para algunos pasa por el Ayuntamiento, por poner más multas, más policía o más zonas caninas, pero, al fin y al cabo, el animal es responsabilidad de sus dueños y como tales, deberían preocuparse de que se comporte de forma adecuada y genere la menor molestia posible a los demás.
Otro problema de estas actitudes es que hay quien se harta, decide tomarse la justicia por su mano y, por desgracia y de cuando en cuando, nos encontramos con noticias de perros envenenados o de trampas de comida con pinchos dentro. La culpa no es del perro pero al final es quien lo paga.
Iniciativas como la de Valencia, que obliga a los propietarios de los perros a limpiar con agua la zona donde hayan hechos sus necesidades por perros, es una buena forma de concienciar a la gente de que una mierda mancha y es molesta en todos los sitios, no solo en casa propia. Aunque la recojas con una bolsa. Las palabras del concejal de Ecología Urbana de València, Sergi Campillo son una buena forma de resumir este problema. “Las calles son la casa de todos, y por eso los propietarios de los perros se tienen que responsabilizar de que estas zonas no se quedan manchadas hasta que pasan los servicios de limpieza, y así evitar las molestias que ocasionan para la convivencia”.
En fin, esperemos que algún día podamos publicar un Madrid limpio de excrementos de perros.
Y un Madrid limpio en general.

