El Cine Candilejas abrió sus puertas en abril de 1958 en la plaza Luca de Tena, en el barrio de Delicias, diseñado por el arquitecto Ambrosio Arroyo Alonso. Con un aforo de 1.474 butacas, un gran patio de butacas y una pantalla gigante adaptada a formatos panorámicos como Cinemascope y VistaVision, se convirtió en una de las salas de barrio más modernas de la capital. Durante tres décadas ofreció sesión continua y fue punto de encuentro cultural hasta su cierre definitivo en 1988.
Abandono y usos posteriores
Tras su clausura como cine, el edificio tuvo diferentes usos. Durante un tiempo funcionó como iglesia evangélica y parte de sus oficinas se destinaron a guardería infantil. Sin embargo, pronto quedó vacío y fue acumulando un notable deterioro. A finales de los años 2000, el interior aún conservaba las butacas originales y la maquinaria de proyección, aunque en condiciones precarias, cubierto de polvo, grafitis y con claros signos de vandalismo. Su situación legal también era incierta: el inmueble se rehipotecó en varias ocasiones, acumulando deudas y entrando en procesos de subasta, sin un proyecto claro para su rehabilitación.
La ocupación de La Traba (2015–2021)
En mayo de 2015, el colectivo La Traba decidió ocupar el antiguo cine tras años reclamando al Ayuntamiento un espacio juvenil. Procedentes de un centro desalojado en Arganzuela, convirtieron el Candilejas en un centro social autogestionado. En pocos días limpiaron el interior y rehabilitaron salas abandonadas para organizar talleres, conciertos, teatro, charlas y actividades culturales. El objetivo era devolver la vida al edificio y ofrecer un espacio abierto al barrio.
La iniciativa generó división entre los vecinos. Muchos apoyaron la recuperación del Candilejas, valorando que se limpiara un lugar degradado y se ofrecieran actividades gratuitas. Otros, sin embargo, denunciaron las molestias provocadas por conciertos en un espacio sin insonorizar, los enganches ilegales a suministros y la suciedad tras los eventos. El centro social llegó a convertirse en un punto de referencia para jóvenes y colectivos culturales, aunque siempre rodeado de polémica en el entorno vecinal.
Desalojo y futuro incierto
El 15 de noviembre de 2021 se produjo el desalojo del Cine Candilejas tras meses de orden judicial pendiente. El operativo contó con un amplio despliegue policial, aunque los ocupantes abandonaron el inmueble pacíficamente y entregaron las llaves. Parte de los vecinos celebraron la medida, aliviados por el fin de las molestias. Otros lamentaron la pérdida de un espacio cultural que había devuelto vida al barrio durante seis años.
Desde entonces, el edificio permanece cerrado y sin uso definido. El temor vecinal es que acabe perdiéndose para siempre, ya sea reconvertido en un supermercado o en viviendas. Por ahora, el histórico Candilejas sigue en pie como un símbolo de otra época: un cine de barrio que marcó la vida cultural de Delicias, después un centro social con fuerte identidad y, hoy, un gigante silencioso a la espera de un futuro que aún no se ha decidido.

