El Templo de Debod, el monumento egipcio de más de 2.000 años ubicado en el Parque del Oeste de Madrid, presenta inscripciones y arañazos visibles sobre las piedras de sus dos portales. Las marcas, en las que se pueden leer nombres, siglas y símbolos, son el resultado de actos vandálicos que se han ido acumulando sobre una estructura de época ptolemaica que lleva más de cincuenta años expuesta a la intemperie en el corazón de la capital.
El problema no es nuevo, pero se ha agudizado en las últimas semanas coincidiendo con la ausencia de la lámina de agua que habitualmente rodea el recinto y que actúa como barrera natural frente al acceso no autorizado. Durante la Semana Santa, testigos relataron intentos de entrada sin ticket al interior del templo, situaciones que el personal de seguridad tuvo que frenar en varias ocasiones.
El templo, de acceso gratuito y gestión municipal, es uno de los puntos más fotografiados de Madrid y recibe un flujo constante de visitantes. Su ubicación en un espacio completamente abierto lo expone a un desgaste mayor que el de otros monumentos similares, sin posibilidad de restringir el paso al exterior. Las marcas se concentran precisamente en los arcos de los portales, en su cara interior, donde la piedra queda al alcance de cualquiera.
El Ayuntamiento descartó en 2022 cubrir el monumento tras un estudio que concluyó que se encontraba en condiciones razonables. La delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, aseguró que la cubrición ni siquiera se contempla. Sí existe, en cambio, un proyecto en marcha para recuperar la lámina de agua, vaciada por las filtraciones que ha sufrido el estanque, cuya restitución el Consistorio espera lograr cuanto antes.
El templo fue donado por Egipto a España en 1968 en agradecimiento por la participación española en el rescate de Abu Simbel durante la construcción de la presa de Asuán. Reconstruido en Madrid piedra a piedra, abrió al público en julio de 1972. Tiene su origen entre los años 195 y 185 antes de Cristo, cuando el rey meroítico Adijalamani mandó levantar una capilla dedicada a Amón de Debod e Isis en la Baja Nubia, en el actual Sudán.
